Raja
Yoga son dos palabras de idioma sánscrito. Su significado es “El Rey de los
Yogas” (Raja: “rey”; Yoga: “unir con yugo”). En oriente
existen desde hace miles de años distintos senderos de Yoga, pero todos
conducen a la ‘unión’ consciente del ser humano con la Totalidad de la Vida. De
allí la palabra “Yoga” para significar esa unión.
El
Raja Yoga aparece como ‘el sendero de la meditación’ para encontrar y lograr
esa unión con Lo Absoluto. Se menciona como “El Rey del Yoga” porque los
estudiosos en el pasado han coincidido en que en este Yoga se reunían, de
alguna manera, todos los demás senderos de yoga.
Existen variadas
escrituras en la India que mencionan a este sendero: los Upanishads, el Mahabharata,
el Bagavad Gita, el Mokshadharma, entre otros…, y los Yoga Sutras (o Aforismos) de Patanjali. Este último dispone al Raja
Yoga escalonado en ocho pasos. Estos son:
1-
Yama --------------- auto-restricción
2-
Niyama ------------ auto-disciplina
3-
Asana -------------- postura
4-
Pranayama ------- control respiratorio
5-
Pratyahara ------- abstracción de los sentidos
6-
Dharana ----------- concentración
7-
Dhyana ------------ meditación
8-
Samadhi ----------- contemplación profunda
Las enseñanzas en general
sobre este tema dicen que el logro de cada paso se asienta en el dominio sobre
las etapas anteriores. Los pasos 1 y 2 son requisitos de moral y ética para la
mente y el cuerpo, como preparación preliminar (y no forman parte del yoga
propiamente dicho, sino de las condiciones preliminares necesarias para entrar
en el yoga o ‘unión’ espiritual). Los 3 pasos siguientes (3, 4 y 5), se nos
dice que tienen que ver con la disciplina del cuerpo y los sentidos; y los
últimos 3 pasos (6, 7 y 8) serían aspectos internos, de control cada vez mayor
de la mente.
Esto es básicamente lo que
se enseña en los cursos (de Teosofía, por ejemplo, para explicar el Raya Yoga)
y lo que aparece en la mayoría de los libros. Mi intención aquí no es entrar en
detalles específicos, por que sobran tales instrucciones en los textos… Este
fue solo un repaso muy sintético, para ubicar a quien conozca poco del tema.
Mi decisión de escribir
sobre el Raja Yoga vino de un destello de comprensión que tuve hace días y que
me permitió comprender el significado del Raja Yoga de una manera muy diferente
a como se cuenta en los libros y en las conferencias temáticas sobre el asunto.
El ‘relámpago’ vino cuando
escuchaba (viendo una película sobre el Padre Pío) una de las frases que se
anuncian cuando se están realizando los votos de obediencia para la ordenación
de un monje franciscano. Esa frase era:
“Morir al
mundo para vivir en Dios”…
Cuando
la escuché me vino un ‘flash’ inmediato, repentino, (un relámpago de
comprensión) relacionado a “Pratyahara”,
el quinto de los 8 pasos del Raja Yoga. Seguido a esto vi más y más, y todo se
aclaró de una manera diferente… Todo lo que sabía sobre el Raja Yoga adquirió
nueva comprensión y significado. Me di cuenta que lo que se difunde a menudo
sobre este tema es con una visión muy “tridimensional”. Supe que el Raja Yoga
puede entenderse con otra profundidad si se lo abarca con una ‘mente
atemporal’, no cerebral, es decir, no con una mente atada al tiempo. Todo esto
no es simple de explicar con palabras, pero haré mi mejor intento… (Luego
volveré sobre “Pratyahara”).
Si
se toma al Raja Yoga como un método para alcanzar la unidad espiritual y
universal, se estaría partiendo de una premisa errónea, ya que la unidad es ‘un
hecho’, ya existe. El hombre, al igual que todo en la existencia es parte de
una unidad absoluta e indivisible. La unidad es de por sí “indivisible”, así
que no hay que “alcanzarla”… El ser humano no está separado de esa Unidad Total,
no puede estarlo…, pero sin embargo ‘se siente’ separado, experimenta una
separación, pero esta sensación de separatividad está en el marco de lo que los
hindúes llaman “maya” (ilusión). Maya es el mundo de los fenómenos y de
las formas. Los sentidos físicos y la mente cerebral en asociación, muestran al
ser humano un mar de cualidades de color y sonidos y de ‘formas’, ‘aparentemente’
separadas e independientes unas de otras. Esa ‘separación’ entre las formas que
los sentidos físicos revelan y que el campo emocional traduce como ‘sensación
de separatividad’ son determinantes y abrumadores para el ser humano que vive
centrado en su kama-manas. La
experiencia de poder ‘sentir’, ‘percibir’, la Unidad de la Vida no puede ser
abordada con el kama-manas (deseos y
mente cerebral). Tal experiencia, la de la unidad (que es un hecho, y que por lo
tanto no hay que ‘crearla’, sino ‘sentirla’, ‘vivirla’), necesita de la
activación de un principio superior a manas
(mente): “Buddhi”.
Buddhi, junto a Atma,
está en el terreno de ‘lo espiritual’, y solo en ese terreno es posible
percibir la vida como unidad más allá de la danza de las formas sensoriales
siempre cambiantes.
La
mente cerebral ve al mundo de las formas como un mundo temporal. La mente
humana concibe a la realización espiritual como una meta que debe ser lograda a
través del tiempo. Esta concepción conceptual produce en la mente la ilusión de
la separación del tiempo entre “pasado, presente y futuro”. La concepción del
tiempo así dividido es lo que Krishnamurti llamaba “tiempo psicológico”; y
produce un estado de ansiedad, insatisfacción permanente y consecuente
‘búsqueda’ de obtener y de ser…
Desde este estado
condicionado de la mente el ser humano intenta entender y practicar muchas
cosas para salir de su estado de insatisfacción e infelicidad… Primero busca en
distracciones materiales y más tarde se vuelve a la búsqueda de adquisiciones
en el orden de ‘lo espiritual’…, pero lo cierto es que todo lo hace desde el
trasfondo condicionado de su mente, siempre atada al ‘tiempo psicológico’.
El
Raja Yoga, o sendero de la meditación, cuando se persigue con la mente
cerebral, tridimensional, está destinado a fracasar, porque toda la actividad
producida en el campo del pensamiento en ese campo queda… El pensamiento
(concentración) no puede ir más allá de sí mismo. Esto es lo que ha estado
ocurriendo por miles de años…, y aún hoy pasa. Cualquier método que se tome o
practique, por más ‘bueno’ que se suponga que el método pueda ser, si se hace a
partir de una mente atada al ‘tiempo psicológico’, es como querer viajar a un sitio lejano y para hacerlo el
interesado se sube a una calesita que
da vueltas siempre en el mismo lugar… En el ejemplo, ‘el sitio lejano’ son los
últimos pasos del Raja Yoga (meditación y contemplación) y ‘la calesita’ es la
mente condicionada. En resumen: Es evidente que el problema no está en ‘los
métodos’ o ‘sistemas’ de meditación y lo que prometen, sino en la mente misma.
¿De qué puede servir
entonces practicar los pasos del Raja Yoga, si no vemos el condicionamiento y
la mecanicidad de nuestra propia mente primero…?
Una vez visto esto de
verdad, ¿Quién querrá subirse a ‘una calesita’ para viajar más llá…?
Veamos el problema que se
presenta en el Raja Yoga con el “tiempo psicológico”.
Los 8 pasos de Patanjali
son interpretados corrientemente como pasos que hay que dominar de a poco, a
través del tiempo, con práctica constante, a través del esfuerzo y la voluntad,
y ‘el premio’ es el samadhi. Pero esto está todavía en el terreno de la mente
condicionada por el tiempo psicológico. Todo esto pertenece todavía a kama-manas… (yo personal o psicológico
conformado por deseos, emociones y mente concreta)
Todos los esfuerzos y
energías puestas en movimiento en el área de la personalidad no pueden mover
energías de otra área superior (excepto para alojar ciertas esencias de
experiencias en el cuerpo causal, que está en el plano mental superior). Es
decir, por más práctica que se realice con la mente, forzándola al silencio,
concentrándola, etc., Buddhi no se
moverá ni un centímetro… (por decirlo de alguna manera) por que son dos
regiones diferentes. Y más aún, la razón nos hace concluir que para que Buddhi se manifieste debe haber quietud
en la mente, ‘silencio no forzado’ (por que el esfuerzo es “ruido interno”), de
manera análoga a como para poder ver en el fondo de un lago es necesario que no
haya ondas y turbulencia en la superficie de las aguas… Solo cuando se aquietan
las aguas y la superficie del lago es como un espejo, aparece visible el fondo
del lago y entonces un nuevo mundo, el mundo oculto del lago, aparece…
La concentración (Dharana) produce ondas en el lago de la
mente. Cierto es que la mente siempre está muy turbulenta en el común de la
gente, y que la concentración enfocada puede deshacer todas las demás ondas quedando
tan solo la honda de la concentración misma. Esta práctica es ‘una aproximación’
a la quietud mental, pero cualquier concentración jamás puede producir quietud
total. Además, ‘la energía de la intención’ que se pone en las prácticas de ‘meditación
buscada’ y en “la meta” (lo cual es ambición) también es, psicológicamente,
turbulencia… Por lo tanto todas las metas espirituales conllevan ambición y
producen turbulencia inconsciente.
El abandono de toda meta,
inclusive en el terreno de ‘lo espiritual’, es disolución de la ambición (del
deseo), y solo este abandono total puede producir (en forma espontanea, no
forzada) el verdadero silencio o “quietud de las aguas”…, con lo cual “el fondo
del lago interior puede revelarse”.
Toda ‘meta’ (material o
espiritual) supone la implicancia de ‘tiempo’ para ‘llegar a obtener’ (en el
orden de lo material) y para ‘llegar a
ser’ (en el orden de lo espiritual). Pero lo interesante es llegar a ver que
el terreno de lo espiritual es “no-meta”, “no-tiempo”, “no-mente”…
Podríase decir que en Buddhi-Atma no existe eso de “llegar a
ser”, no existe el logro ni el no-logro, solo existe el Ser, que ‘ES’…
Buddhi-Atma
es intemporal; es el Ahora eterno, y
quien entra en esto, (como vivencia, no como saber intelectual) ya no persigue
metas. Toda meta concluye en ‘el Ahora’, por que el Ahora es el SER.
Vimos recién conceptos
relacionados a Dharana (6° paso del
Raja Yoga) y al problema del tiempo psicológico en el Raja Yoga.
Con respecto a Pratyahara (5° paso) que enseña a
abstraer los sentidos de los objetos del mundo para poder “ir hacia adentro” y
poder meditar…, ‘la revelación’ me señaló que nada de esto es necesario, porque
esa es una interpretación muy material y tridimensional de este punto.
Pratyahara, ampliamente entendido, es “Morir al mundo para vivir en Dios”. Morir al mundo es una decisión
interna que transforma al hombre en un devoto de la Vida; es morir a la mente
sensoria y condicionada por los sentidos como un acto de entrega hacia ‘lo
espiritual’, pero no es “abstraer los sentidos del mundo” como se suele
explicar este punto. La interpretación corriente es que una vez lograda la
posición correcta (asana) y la
respiración correcta (pranayama) el
siguiente paso es abstraer los sentidos del mundo exterior; esto significaría
apagar la vista, el oído, el tacto, etc. para que no se distraigan con los
objetos externos y así la mente pueda ocuparse en el siguiente paso que es la
concentración (Dharana).
Ahora bien: ¿Hace falta
apagar los sentidos para que la meditación florezca…?
En el antiguo Raja Yoga
parecen creer y entender que es así, pero otros senderos de meditación, y en
esta reinterpretación del Raja Yoga veremos que no es así.
Pratyahara es ‘una actitud interior’, de entrega; es no dejarse llevar
por la corriente de las formas de mundo y los deseo que dichas forman pueden
despertar; pero esto es una actitud interior de toda la vida, no algo
que se realiza como práctica en el instante de querer meditar…
Pratyahara
es morir al mundo de ‘las cosas’, comprendiendo que todo es vanidad… Cuando
esto ocurre los sentidos siguen funcionando, por supuesto, pero no quedan
apegados o absorbidos por las cosas del mundo. Así es como podemos interpretar
la frase bíblica: “Estar en el mundo, sin
ser del mundo…”. Pero no se necesita ‘apagar los sentidos’ literalmente para
entrar en meditación. En plena posesión de los sentidos Pratyahara existe, entendido como entrega interior y desapego, y la
meditación “sucede”, sin esfuerzo. Y más aún…, durante la meditación los
sentidos, no solo que no se apagan, sino que se despiertan aún más, se refinan,
por que la energía de la meditación, cuando sucede realmente, es una energía
que reaviva todo, y los sentidos quedan revitalizados (pero nunca distraídos o
apegados a ‘la forma’). Cuando la meditación sucede, los sentidos son una
puerta más para reconocer la Paz y la Unidad trascendentales…
Pratyahara, entendido como una actitud interna hacia la vida, de
entrega y comprensión, como vimos, da una nueva visión al Raja Yoga.
Raja Yoga ha sido
entendido como un sendero de prácticas que dependen del esfuerzo a través del
tiempo, y los 8 pasos se entienden corrientemente como una sucesión de logros.
Es decir que al lograr los primeros 2 pasos, luego se pasa a la práctica de asana (postura) y pranayama (respiración). Cuando la postura y la respiración se han
dominado se practica la “abstracción de los sentidos”, Pratyahara, y cuando estos pasos se han dominado hasta cierto
punto, se incluyen en la práctica los subsiguientes pasos, hasta alcanzar así
“la meta” en el octavo paso. Es decir que, desde una mente cerebral
tridimensional atada al tiempo, esa es la interpretación del Raja Yoga.
Pero veremos que estos 8
pasos, abordados con amplitud y creatividad, se pueden entender holísticamente
e integradamente como en un todo que
fluye en conjunto, no como una sucesión a través del tiempo.
De los primeros 2 pasos (Yama y Niyama) no es necesario hablar,
ya que tratan, como fase preliminar, de conservar una vida limpia, austera y
ética, tanto a nivel interno (mental) como a nivel externo (físico). Cualquier
persona que tuviere una vida muy desordenada y desequilibrada, interna y
externamente, no podría ni siquiera ocurrírsele ‘meditar’. Además estos 2 pasos
preliminares no constituyen el Yoga, sino que representan una base de cierto
equilibrio que debe tener la persona para poder llegar a experimentar la
meditación.
Del tercero al octavo paso, todo es uno. No se trata de lograr ‘de
a poco’, paso por paso, porque eso estaría en el terreno del ‘tiempo
psicológico’. Además “no hay nada que lograr”, porque en el deseo de logro hay ‘meta’,
hay ‘tiempo’, hay ‘mente’ (“ondas en el lago”…) y todo esto es “no-meditación”.
Por lo tanto el Raja Yoga del que hablo no es una técnica que hay que practicar,
sino “algo que sucede” por sí mismo, cuando la mente, el tiempo y la ambición
han cesado.
‘Asana’, que se interpreta como la postura adecuada del cuerpo para
meditar (que suele ser la postura de loto), desde nuestra nueva perspectiva no
tiene nada que ver con eso… “La postura correcta” no tiene que ver con el
cuerpo físico, sino con “la postura interna”. Llamo “postura interna” a ‘aquello
que lleva’ a la meditación. Por ejemplo: meditar para llegar a obtener poderes
ocultos es una “postura interna incorrecta”; meditar para obtener realización
espiritual es también una postura interna incorrecta, porque que todo eso es el
yo psicológico buscando algún tipo de logro, y esto fortalece al ‘yo’. Por lo
tanto la meditación que lleva en su raíz el deseo de una meta pertenece siempre
a la esfera del ego inferior. Por más elevados que sean los ideales y metas,
siempre es el yo insatisfecho… deseando lograr el cielo…
La postura correcta es
“no-meta”, pero esto solo se produce cuando no hay yo… Si se practica
continuamente, y durante años, un método cualquiera para lograr una meta
determinada, es claro que existe un ‘yo psicológico’ que busca autorealizarse…
Y la realización del ‘yo psicológico’ es un espejismo, una ilusión, ya que el
‘yo’ no puede “autorrealizarse espiritualmente”…; esta frase es un
contrasentido, por que espiritualidad es extinción del yo, (nirvana). Toda autorrealización del yo lo
fortalece en lugar de extinguirlo... Y en última instancia, no hay un ‘yo’ que
extinguir, porque el yo no tiene existencia verdadera, es una gran forma de
pensamiento producida por la identificación de la mente con el mundo formal y
sensorio… El yo es una ilusión, ya lo expresaron los iluminados en todas las
tradiciones, y todo lo que se intente desde ese ‘yo’ solo puede fortalecer a
ese ‘yo’. La espiritualidad no admite ‘yoes’…, porque no admite ilusión.
“La postura correcta” es comprender este tipo de conceptos a tal
punto que se extinga la ambición.
La postura correcta no es
‘sentarse en posición de loto’; eso puede hacerse, pero es secundario… La
postura correcta es interna. Cuando este ‘paso’ ganó espacio en la conciencia,
los demás pasos fluyen solos y sin esfuerzo, y sin metas y sin tiempo. La
meditación ‘sucede’, llega en cualquier momento… La ausencia de ambición y de
metas produce un vacío que es el
terreno en el cual la meditación puede ‘suceder’. Puede ‘suceder’ en cualquier
momento, un ambiente de naturaleza virgen puede presentarse como propicio, pero
también puede ‘suceder’ en medio del tumulto de una ciudad… De pronto, el
cerebro está sereno y alerta, los sentidos están muy alertas, pero no absortos
en algún objeto de interés, sino abstraídos en la quietud que mana desde el
interior (Pratyahara); la respiración
(pranayama) es naturalmente suave y
consciente, y parece acompañar con su suave ritmo al silencio interno…; la
mente se enfoca sin esfuerzos en la atención de lo que está aconteciendo (Dharana). De pronto este estado se
profundiza y surge una extraña comunión profunda con todo nuestro derredor… (Dhyana), hasta que adviene una Paz y un
sentido de pertenencia al Todo indescriptible en palabras… (Samadhi). Todo esto puede ocurrir
simultáneamente y naturalmente, sin esfuerzos.
Una vez que esto pasó, y
la mente vuelve a su estado más corriente, el ‘yo psicológico’ puede tomar la
experiencia vivida como ‘su trofeo’ guardándola en su archivo, la memoria, para
extraerla de allí cuando necesite autoafirmarse; de tal manera que el yo puede
fortalecerse con este tipo de experiencias… Todo esto también debe cesar…
La meditación no es algo
que se hace, sino algo que “sucede”, naturalmente, no es producto del yo y sus
ambiciones de ser…, sino del abandono del yo.
Reinterpretar el
significado del Raja Yoga es necesario, porque todo fluye y cambia… Las razas
cambian, la evolución prosigue y nada es estático… Lo que se estatiza se
herrumbra, impide el avance y termina de dos posibles maneras: o muriendo, o adaptándose a las nuevas necesidades de la conciencia.
Tal vez el “flash”
intuitivo que tuve tenga que ver con esto…